La Tierra esta muriendo

Publicado en por Jaume Satorra

España Liberal   (Enviado por: Fatima Pacheco) , 20/12/08, 01:30 h
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Esa es una análises de las condiciones experimentadas por el planeta, en un futuro no muy lejano, el desastre ecológico en la tierra.

  “La Tierra está muriendo.


Ellos lo sabían ya en el año 72. Cuando los “hippies” y los “freaks”
comenzaron a manifestarse sobre la polución del aire y del mar.
Los científicos de la NASA, los que trabajaban en el océano ártico y en el
antártico, ya hablaban entre sí, en voz baja, sobre el dióxido de carbono,
el calor atrapado dentro de la atmósfera y el efecto invernadero.

Entonces, hombres anónimos de traje gris, reunidos entre humo de 
puros, en exclusivos clubes de Londres y Washington, temiendo la opinión
publica,  empezaban a preguntarse si no tenían un problema.

Encargaron un informe a los científicos. Lo llamaron el Informe Edén, 
Y estaba exclusivamente destinado a los ojos del presidente de los EE.UU., Al primer ministro Británico y al presidente de la CEE. Y eventualmente, si hiciese Falta, los jefes de estado de los países miembros de la CEE. 

Cuando el informe se presentó por fin, decía lo que nadie, excepto los
científicos, se esperaba. La polución del aire y la contaminación del agua
no supondrían un problema para la humanidad durante mucho tiempo. Pero en
cambio,  el CO2 y el metano iban a ser un problema muy, muy pronto, ya que
estaban transformando la atmósfera del planeta en un invernadero. Pronto
haría mucho calor. El polo norte se fundiría y con él, Groenlandia. Y esto no
iba a ocurrir lentamente.

A medida que se derritiese el hielo oceánico, las temperaturas ambientales
irían escalando y el proceso se iría acelerando hasta desestabilizar la capa  de
hielo que cubre Groenlandia, desplomándose esta al mar en avalanchas con un peso
equivalente a billones de toneladas. Todo ello ocurriría sin aviso, de
repente.

Habría tsunamis gigantescos que arrasarían las costas atlánticas y así, el
clima global cambiaría de forma catastrófica, de la noche al día. Todo esto
estaba en su conocimiento desde 1979.

En efecto, tenían un problema. La Tierra estaba muriendo.

Deberían tomar una decisión difícil que traería diversas consecuencias.
Si cesaban de producir CO2, la economía del mundo se vendría abajo y
billones de personas morirían de hambre. Peor todavía, las corporaciones más
ricas y poderosas de la tierra y los hombres que las dirigían, irían a la
bancarrota inmediatamente. Sería como la torre de babel, pero a escala
global. Todos, desde dios hasta el basurero, se vendrían abajo. Pero si no
cesaba la producción de CO2,,  todo el planeta, entre el paralelo 52 norte y
el paralelo 52 sur, se volvería inhabitable. El mar en el ecuador
herviría, y todos los campos y todas las cosechas desde Dover hasta Cape
Town, desde Seatle hasta Ushuaia arderían y se convertirían en un desierto.
Lo que ocurriría posteriormente tanto al norte como al sur de estos
paralelos era una incógnita, pero de todos modos, la humanidad, la
civilización humana, iba encaminada a la extinción.

Pero había una diferencia clave entre las dos opciones propuestas.
Si se elegía la segunda opción, es decir, seguir produciendo CO2, el pequeño
porcentaje de personas que hoy gobiernan, las mismas que manejan las más grandes
corporaciones y toman las decisiones que afectan a la vida de la gran masa, no
se verían afectadas y por tanto, no se vendrían abajo con los demás. Ellos
tendrían tiempo para planear, para prepararse…

Y así nació el CI, encabezado por el senador republicano A Grumman, con la
misión de preparar el camino a la salvación para menos de un 1% de la raza
humana, cuando por fin llegara el colapso, en el nuevo milenio.

Mientras tanto, en vez de disminuir las emisiones de CO2 y metano, las
aumentarían en un frenesí de mercado libre, guerras y expansión tecnológica,
con el objetivo de aumentar al máximo su riqueza, su poder y su saber
tecnológico, y después lanzarse victoriosos hacia la nueva era. ¡Que el
planeta muera! ¡Que mueran sus siete billones de habitantes! Al final eran simplemente 
Una plaga más.  El CI sobreviviría, con riquezas y tecnologías más allá de los sueños más extravagantes del hombre y crearía, sobre las tumbas de su especie, un Nuevo Edén, el nuevo paraíso.

Así nació la nueva era de la economía de mercado libre, del nuevo
liberalismo conservador, auspiciados por Margaret Thatcher, Ronal Reagan y
Newt Gingrich. Evolucionó una nueva visión de la economía global, una
nueva visión del socialismo en Gran Bretaña y de un Nuevo Orden en Estados
Unidos. Todo era nuevo después de los años ’80, pues había una  nueva urgencia: los hombres
más ricos, los más poderosos de la tierra, se preparaban para la creación de
un nuevo mundo.

El Nuevo Edén sería un lugar idílico, con una población pequeña y
privilegiada que  disfrutaría de lujos sin límite, tecnología nuclear sin
límite. Incluso serían servidos por esclavos, seres serviles rescatados de
entre los pocos supervivientes en el extremo norte del planeta, o bien,
esclavos tecno-genéticos, creados por ellos mismos. Los miembros del CI se
elevarían al estatus de dioses, como los panteones de Grecia y Escandinavia.

¿Pero dónde? ¿Dónde crear este Nuevo Edén? ¿Acaso en Canadá?  ¿Inglaterra?
¿Noruega?...

Pero entonces los científicos desvelaron al CI la existencia de otro sitio, un sitio mejor
donde crear su Nuevo Edén…”
   El texto anterior es parte de un libro lanzado en Inglaterra, Dark Rain, por Conor Corderoy, el editor Macmillan New Writing, (se puede encontrar en Amazon.com o en varios sitios del internet). El autor hace un análisis de las condiciones experimentadas por el planeta, en un futuro no muy lejano, el desastre ecológico en la Tierra. En la lectura de un libro como Dark Rain, que lamentablemente, aún no se ha traducido al español, creemos - más un libro de ficción. Pero la ficción no es nada fuera de la realidad. Las noticias sobre el calentamiento global y los efectos sobre la estructura de la tierra son alarmantes. Recibimos información diaria a través de los medios de comunicación sobre los desastres ambientales en todos los cuatro campos del mundo.El clima está cambiando, la naturaleza ha dado la respuesta al hombre por la forma en que se maneja. El informe de Kyoto no se respeta. Los países del primer mundo siguen pensando en el beneficio en lugar de la máxima prioridad - el derecho a la vida. Aquí en Brasil, tenemos los pulmones del mundo - la Floresta amazónica - y esta selva está siendo deforestada día a día. Los gobiernos no promueven acciones fundamentales para salvar el planeta, sin embargo, hay alternativas. El libro de Conor Corderoy es una obra de ficción, pero también es un gran alerta. Él tras a la luz los problemas que insistimos en olvidar, pero la obra, al opuesto de todos los pronósticos, también recuerda nosotros que somos responsables por las generaciones futuras. Un medio ambiente limpio, seguro, de cooperación puede y debe ser nuestro legado a las generaciones futuras. El dinero, el poder no pueden estar en primer lugar porque en el futuro el dinero no salvará el planeta, pero si, la cooperación entre todos los pueblos de la tierra. Fátima PachecoPeriodista Brasileña

Jaume Satorra
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